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¡Hola!

¿Cómo estás? Tras el parón de Semana Santa me ha costado ponerme en el ordenador, entonces podrás pensar: “si te cuesta, ¿por qué lo haces?” Bien pensado. Es cierto que no me va la vida en ello, es cierto que podría prescindir totalmente de hacerlo pero no es menos cierto que me gusta y me da satisfacción. La cuestión es que estos días hice bastante el vago, por un lado me apetecía y por el otro me sentí “rara”. No soy una persona hiperactiva pero no me gusta perder el tiempo, así que este me hizo pensar en la necesidad que tenemos de estar haciendo cosas constantemente y qué placer o qué vacío llenamos con la hiperactividad.

El Eneagrama de la personalidad distingue 9 tipos o eneatipos de comportamiento, sin entrar en detalle, en la trilogía de lo mental el número 7 es aquel que necesita una actividad constante y lo hace en la mayoría de los casos para no pensar, para evitar el vacío o el aburrimiento. Este vacío le provoca ansiedad porque conectaría directamente con su ser, un ser que él no conoce, no entiende y se niega a ver por si lo que percibe de él, no le gusta. Las personas muy activas no soportan no tener nada que hacer.

El otro día estuve hablando con una persona muy activa y me contestó algo muy curiosos que no me dejó en absoluto indiferente. De ahí surge mi “relato-pregunta” de hoy

Hambre de pereza

En la mente de Amanda no existe el aburrimiento. Se levanta por la mañana entre trozos de papeles de magdalenas y ropa tirada en el suelo, no hay tiempo para recoger, pero sí para mirar el móvil y no perderse ninguno de los mensajes que se fueron cocinando por la noche en su whastapp para que ella, por la mañana, los tuviera fresquitos y listos para leer mientras cogía un trozo de chocolate en una mano y su smartphone en la otra. A Amanda no le importa demasiado el orden, solo le importa no perderse nada de lo que hay a su alrededor.

Amanda se lava los dientes y sale corriendo por la puerta para acudir puntual, eso sí, a su puesto de trabajo. Es dependienta de una tienda ropa. En la tienda tienen hilo musical, y cuando no está atendiendo a alguna de sus clientas, dobla ropa sin parar mientras tararea la canción de moda que suena en ese momento. Amanda responde rápido a todo lo que le preguntas, no piensa mucho sus respuestas y siempre se le ocurren cosas disparatadas que hacen reír  a sus compañeros y compañeras de trabajo.

Al terminar la jornada Amanda se dirige al bar de al lado para comer algo, antes pasa por una tienda de móviles y compra una funda; las 20 fundas que tiene ya no le gustan. Amanda necesita siempre algo nuevo con lo que ilusionarse. Tras comer un bocadillo, decide que quiere un helado, pero tras comer el helado, siente la necesidad de tomarse un sorbete de limón. Amanda vuelve al trabajo por la tarde y tras doblar y doblar jerseys de cuello alto y camisas de caballero, llega la hora de cerrar. Amanda vuelve a su casa con sus auriculares puestos mientras tararea otra canción de moda

Cuando llega a su casa, abre la nevera y no encuentra nada, así que baja al bar y pide una hamburguesa. Tras comer la hamburguesa mira la programación de la televisión pero no le convence, va a la cocina y hace magdalenas. Lleva las magdalenas a su habitación y mientras las come, curiosea en el móvil. Amanda se queda dormida una vez más entre ropa y papeles de magdalenas.

Tras una jornada laboral de lunes a sábado, llega el ansiado domingo. Amanda se levanta muy tarde, no se quita el pijama y se tira en el sofá. Llama a todas su amigas para quedar  y consigue por fin tener un plan para su desesperado domingo. La hora de quedada era a las 6 de la tarde, ninguna de sus amigas podía estar antes. No veía la hora de salir de casa, así que, decidió empezar a prepararse pronto. Tomó un baño, se lavó el pelo, lo secó, se probó un montón de ropa, se sentó un rato en la tele a comer algo y se volvió a levantar; finalmente se maquilló. Cuando llegó la hora de salir, abrió la puerta y se fue, su habitación seguía llena de papeles y ropa; Amanda nunca ordena su habitación.

La tarde estaba siendo divertida, risas entre batidos y cafés adornaban la tarde del domingo hasta que una pregunta rebotó en la cabeza de Amanda. Una de sus amigas formuló la siguiente cuestión:

“Chicas, ¿alguna vez habéis pensado lo que os gustaría ser cuando seáis mayores?”

Amanda abrió los ojos como platos, se paró unos segundos a pensar en la respuesta (algo que nunca solía hacer) y con los ojos muy abiertos dijo con rotundidad y casi con asombro:

” me gustaría no hacer nada” .

Sus amigas guardaron silencio, no se lo podían creer, una incuso se aventuró a comentar la jugada

“Tú, ¿no hacer nada? jajajaja..eso sí que no me lo creo”

Amanda contestó.

“Sí, me gustaría no hacer nada para enfrentarme a mi habitación y tener el valor de ordenarla. Ordenarla es enfrentarme al caos, pensar  qué lugar ocupa cada cosa en mi cuarto y por lo tanto supone pensar qué lugar ocupa cada pensamiento en mi cabeza. No hacer nada me llevaría a enfrentarme a todo lo que me da vueltas y no logro encajar. Si tuviera el valor de no hacer nada, empezaría a darme cuenta del sinsentido de mi casa, mi cuarto, mis hábitos. No puedo parar porque si paro, pienso, y si pienso, me doy cuenta de que ocupo mi vacío con cualquier cosa que llene el miedo a poner orden en mi vida, el miedo a darme cuenta de que el vacío existe”

Así fue como Amanda verbalizó su ansiedad, sus miedos, y como dio una explicación a su comportamiento. Su mayor meta era conseguir parar, conseguir que el aburrimiento y la pereza pudieran con ella para poder hacer algo tan simple como, parar. 

Todas las “Amandas” ahora mismo saben de lo que estoy halando ( más bien escribiendo) y saben que las vías de escape de ese miedo son varias: redes sociales, móvil, tele…miles de sitos a los que acudir, llenar tu día a día de experiencias  con tal de no poner orden a tu propio caos, el exterior y también el interior..

                                                                               FIN

Seguramente que conoces a alguien que vive de esta manera, o a lo mejor eres tú misma. Todos tenemos un poco de este personaje que busca el placer inmediato, el hedonismo puro y  duro; hay gente que directamente ha hecho de esto su modus vivendi. No envidies a alguien que tiene su agenda tan ocupada, probablemente, y como me contestó esta persona el oro día, lo que más les gustaría sería: no hacer nada Algo tan simple pero que muchas veces asusta por todo lo que puedes descubrir en el vacío, que por si no lo sabes, el vacío lo es todo.

Recordarte que dentro de mi novela “Voces para Leonor” puedes encontrar un personaje con estas características, además de otros muchos que corresponden a otros patrones de comportamiento fácilmente reconocibles en ti misma o en alguna persona que conozcas. Recuerda que puedes leer las primeras páginas gratis en Amazon

Voces para Leonor

Qué tengas una feliz semana

Susana

 

 

 

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