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¡Hola!

Hace poco publiqué un podcast sobre la palabra “diva” y su significado. No fue un podcast ni siquiera pensado o meditado, sinceramente ni tenía pensado grabar nada ese día, pero como siempre, me pudo el parloteo interior y en medio de la soledad de mi casa me lancé a hablar con mi supermicrófono. En el podcast me comprometía a escribir un relato en el que podamos reconocer características de una diva, y se me ocurrió que entre todas podíamos construir a la diva del siglo XXI ¿qué os parece?

No es mi intención destronar a nadie, las que son divas lo son y siempre los serán, pero sí podemos crear otro concepto, es más, podemos añadir una estética nueva a la mujer “diva”. Buscando  en el diccionario, diva es una mujer ( también hay divos  pero parece ser que menos) con una voz imponente y una presencia deslumbrante en un escenario.. A partir  de ahí es  cierto que no solo se utiliza el término para este tipo de artistas, sino también para mujeres con una estética similar a la que puede tener una dama del escenario: ropa imponente, maquillaje llamativo, peinado poco discreto…..

¿Cómo podemos saber si una mujer es diva o no? Os invito a leer este “relato-pregunta” en el que pondré a dos amigas juntas, a una la llamaré María y a la otra Ana. A partir del relato, a ver qué os parece la nueva diva del S.XXI, espero que compartáis conmigo alguno de los rasgos de diva que otorgaré a uno de los personajes.

Entre dos divas

Ana acaricia a su gato en la cama tras haber sonado su despertador hace 5 minutos, mira por los agujeros que la persiana deja siempre en la parte de arriba de su ventana.

“algún día tendré que arreglar esa persiana, aunque reconozco que esa claridad que entra por la mañana me gusta, no tengo que encender la luz y puedo quedarme unos segundos más en la cama”

Ana se levantó despacio, se enfundó unas zapatillas sin suela y caminó con paso lento hacia la cocina. Allí bebió su primer vaso de agua mientras miraba por la ventana el tiempo que le acompañaría en su paseo diario al trabajo. El día hoy estaba lluvioso, así que tendría que llevar sus enormes botas altas. Ana salió de la ducha, se revolvió su melena con los dedos y la ató en un moño alto, imposible lavarse la cabeza con el día que hacía ¡para qué!. Se puso un vestido que tenía desde hace tiempo, era uno de sus preferidos porque le iban genial con unas medias gorditas que le protegían del frío. A Ana le encantaban los días de lluvia porque así podía poner sus preciosas botas altas, le encantaba salir a la calle con sus botas y su paraguas.

Ana desayunó medio bocadillo de pavo, un batido de mango, y media taza de té. Ana tenía la tez muy pálida y su piel era muy delicada, se puso un poco de colorete rosa y algo de brillo en los labios, dio de comer al  gato y se fue a trabajara.

Ana tiene una tienda de infusiones, tazas de té y complementos. Lo primero que hace al abrir su pequeño negocio es conectar el hilo musical, una música dulce y tenue le acompaña en sus horas de trabajo; ella la tararea en sus momentos de soledad. Hace poco tuvo una iniciativa con la que estaba muy ilusionada, Ana organizaba reuniones de té con otras compañeras que realizaban trabajos artesanales, les ofrecía su té y les dejaba el local, se sacaban fotos y así promocionaban sus productos. Ana siempre sonreía, tenía una imaginación desbordante y su creatividad parecía no tener límites. Siempre inventando, siempre buscado maneras de hacer cosas bonitas y sin prisa.

Ana suele recibir a media mañana la llamada de una amiga muy especia, María.

“Hola Ana, ¿qué tal te viene hoy lo nuestro? No me digas que no vas a poder hoy tampoco, si me dices que no, no te lo perdono. A las 2.30 en el sitio de siempre, por favor, sé puntual, no soporto esperar que después tengo que comer a la velocidad de la luz y me siento como un globo, hoy no me puedo permitir estar como un globo que tengo que visitar a 800 personas mínimo…”

Ana siempre sonríe cuando escucha a María, la conoce desde hace muchos años y no la toma en serio

“vale, de acuerdo, hoy voy a comer contigo, estaré puntual”

María tiene dos empresas, una tienda de ropa y otra de complementos. Es una  mujer muy alta, con una gran melena castaña con mechas doradas. María se levanta por la mañana a golpe de despertador y salto en la cama; no es nadie si su primera taza de café. Bebe de su taza mientras contesta mensajes de móvil con la otra mano, mira por la ventana y maldice el día de lluvia que se le presenta por delante, hoy María tiene que caminar mucho, hasta la semana que viene no vuelve a alisar su pelo; María no sabe como va a peinarse con este día.

Tras una ducha María elige su vestuario, saca todas las faldas del armario, piensa en qué será mejor, si blusa o jersey, finalmente decide blusa; va a tener que caminar mucho y no quiere sudar, sigue enfadado porque justo hoy, el día está lluvioso. María tiene una agenda complicada, a sus múltiples reuniones se le suman actividades que no pueden faltar en su mes: peluquería, manicura, tratamientos varios y gimnasio. María es muy trabajadora, incansable, imparable, perfeccionista y exigente. Lo que tiene ha sido fruto de mucho sacrificio y esfuerzo, eso le ha creado un carácter fuerte y duro que no todo el mundo es capaz de entender.

María y Ana quedan para comer. Ana es un apoyo importante para María por su serenidad, su calma y su manera de relativizar las cosas. María es la salvación de Ana en muchas ocasiones, ya que actúa con rapidez y soluciona pronto los problemas. las dos mujeres por fin llegan al punto de encuentro para comer. María es la primera en hablar, como siempre.

“Ana, estoy harta de esta lluvia, ¿a ti te parece normal que haya ido a la peluquería justo ayer y hoy tenga que llevar una coleta? he mirado el tiempo y no daban lluvia, me voy a borrar de esa página, nunca aciertan, a ver si creen que la gente que miramos el tiempo es por aburrimiento…”

Ana se parte de risa

“María, no conozco a nadie a la que le quede mejor la coleta que a ti, es más creo que deberías ir siempre con el pelo recogido, imagínate lo que ahorrarías en peluquería…”

María la mira muy seria y después sonríe

La dos protagonistas eligen sus menú: ensalada y  crema de calabaza, agua para Ana y vino tinto para María. Las dos comen amigablemente. Ana escucha a María que no para de hablar del trabajo y de los días que va al gimnasio

“Ana, deberías de venir conmigo al gimnasio, estás delgada pero con un poco más de músculo podrías dejar de llevar esos vestidos tan flojos y apretarte más esa cintura, recuerda que a la cintura le quedan pocos años de vida, aprovéchala ahora que la tienes.”

Ana se echó a reír

“No pienso ir al gimnasio, camino todos los días ida y vuelta al trabajo y en casa a veces hago estramientos que me mandó mi fisio, con eso tengo suficiente. Mi tiempo libre es muy valiosos, no te imaginas lo que ejercito mis músculos acariciando a mi gato por las tardes, eso sí que es vida sana”

María se echó las manos a la cabeza

“no tienes remedio”

Ana se quedó un momento pensativa, como preocupada, había algo que le inquietaba.

“María, no sé si puedes ayudarme o darme consejo. Hace unos días que me llegó esta carta sobre el local que tengo alquilado, no sé por donde empezar a solucionar todo esto, no sé muy bien que es lo que me piden”

María cogió la carta y la leyó durante unos segundos con cara de interés y haciendo pequeñas muecas

” no es nada, mañana te lo soluciono, despreocúpate totalmente de eso, está en mis manos”.

Tras decir estas palabras , María se levantó de golpe, enganchó su falda con el tornillo de la silla, y la costura se rompió, enganchó sus medias y estas también rompieron. María entró en pánico, Ana, muy calmada, se levantó para ayudarla.

“María, no pasa nada, déjamelo a mí, esto te lo soluciono yo enseguida”.

Ana sacó de su bolso una aguja y le cosió cuidadosamente la costura. El arreglo quedó perfecto, ni rastro de la rotura. Fue al baño y le dio sus medias. Ana no tenía que ir a hacer vistas por la tarde, podía ir a casa y coger otras.

“Ana ¿qué haría yo sin ti?

“No, María ¿qué haría yo sin ti?”

Las dos mujeres se despidieron con un abrazo pensando en la suerte que tenían de conocer una mujer fuerte, lista, una diva que supiera darle justo lo que a la otra le faltaba.

                                   Fin

Tras leer el relato  ¿te identificas con alguna de las dos mujeres? ¿cuál crees que es la mujer más diva según lo que entiendes por este término? ¿Sigues pensando lo mismo de este calificativo o crees que le podemos añadir alguna variante? ¿crees que una de las dos protagonistas es mejor que la otra o crees que las dos podrían representar la fortaleza y la confianza en una misma?

Mil gracias como siempre por leerme hasta el final. Espero tus respuestas en los comentarios, ya sabes mi lema: juntas podemos darle la vuelta a muchas cosas. 🙂

Si quieres escuchar el podcast improvisado que hice sobre este tema, te dejo aquí mismo el audio

¡Feliz semana!

Susana

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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