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¡Hola a todos!

Algunos ya sabéis que mi primera novela acaba de salir a la luz. Ha sido para mi un reto personal que hoy toma forma de novela y no puedo estar más “flipada” si es que alguien que escribe una novela puede utilizar esa palabra. Si me sigues sabrás que he compartido post de esta historia en pleno proceso creativo, lo he hecho así porque las emociones estaban a flor de piel y eso me ayudaba a transmitiros el mensaje. Gracias a esos post y algunos podcast que podéis ver en mi web y en mi canal “café a media tarde”  (antes con otro nombre) vosotras mismas os quedasteis enganchadas a una historia de la que hoy podéis disfrutar en forma de novela. Os tengo que estar infinitamente agradecida, porque sin muchas de vosotras, esto no hubiera sido posible. Aquí dejo una preciosa reseña por si queréis compartirla con quien tenga el mismo gusto que vosotras, con alguien que crea que las cosas en algún momento pueden dar un giro y cambiarte la vida no solo por fuera, sino también por dentro.

La reseña más profunda de “voces para Leonor”

 

Leonor, nombre con personalidad, mujer que representa la posesión de la luz, sin embargo, había que esperar un poco para que todo esto se cumpliera. Leonor, siendo una niña, se dejó llevar por el miedo y se convirtió en una mujer perdida.

Todo transcurría con total normalidad en su pequeño pueblo natal. Leonor crecía como una niña perfecta en un mundo perfecto, con la inocencia y la pureza que reflejan todos los niños. Mientras eres niño, la magia existe para todos sin excepción. No tardó en pasar algo en su cómoda vida que hizo que las circunstancias de Leonor cambiaran de golpe, su rostro se cubrió de miedo y de pánico, ese miedo y ese pánico pronto se taparía con un precioso traje a medida como si del mismo Dior se tratara. Su madre, Marcela, se negó a vivir el miedo y decidió buscar la seguridad. Leonor, se dejó llevar.

De una seguridad natural, la de la vida misma, pasó a una seguridad prefabricada con una buena casa con jardín y olor a perfume. No era un perfume cualquiera, era un perfume de primera pensada, del que permanece, del que te envuelves y te enamora, del que conserva todavía el aceite, la esencia, del que te va a resultar muy difícil desengancharte porque en el fondo crees que tu vida va a ser mucho mejor con olor a Channel Nº 5

Leonor pronto se olvidó de quien era y se dejó embriagar por el ambiente, todo era demasiado bonito como para desaprovecharlo. Pensó que su madre tenía razón, para qué iban a pasar miedo, a vivir en la incertidumbre pudiendo poner en sus vidas comodidades y seguridad. La seguridad es lo que busca todo el mundo, probablemente para no tener que sufrir, pero la incertidumbre forma parte de la especie humana queramos o no. La incertidumbre es como el agua, si le impedimos el paso por una cañería, se colará por una grieta, pero siempre va a encontrar el camino y presentarse en tu vida para recordarte que eres humano. Los seres humanos, no tienen el control.

El perfecto traje de la perfecta Leonor era cada vez era más grande y lleno de detalles de lujo:  perfectas amigas, perfectas salidas y pareja perfecta. Un traje que se estaba construyendo día a día y cada vez con puntadas complicadas, un traje con demasiados elementos, difícil ya de deshacer. Esa creación te representa, tiene todos los detalles y todas las vivencias que construyes a lo largo del tiempo, sin embargo, no conviene olvidar que cuantos más fuertes sean las puntadas y más adornos tenga tu vestido, más difícil será de deshacer tu obra maestra.

A Leonor le empezaban a pesar los hilos, le empezaban a pesar los adornos, y pronto descubrió que algo estaba fallando. Su tristeza, apatía y cinismo, aumentaban por días; algo no iba bien ¿Qué es lo que puede estar fallando en un mundo de perfección? Las palabras de su madre ante su apatía resonaban en su cabeza como un disco rayado, recurría a ellas para recordarse que, en el fondo, era afortunada.

«No podemos quejarnos de nada, tenemos todo lo que a mucha gente le gustaría tener. Mira ahí fuera Leonor ¿sabes lo que darían otros por estar en nuestro lugar?»

Estas y otras frases la perseguían haciendo que se sintiera incluso más culpable, así que decidió volverse una cínica y seguir adelante.

Leonor, dentro de su bola de cristal, había conocido a alguien que destacaba por su rarezas y extravagancias, alguien que era una experta en el noble arte de no preocuparse por nada. Leonor recurrió a ella desesperada. Florence, que así se llamaba aquella delgada mujer de aspecto desenfadado, siempre le había parecido a Leonor una persona muy interesante, imperturbable y tranquila. Alguien que aparentemente no buscaba nada, justo lo contrario que el resto de su círculo que parecía no tener nunca suficiente. Leonor quería que Florence le contara su secreto, y ella, le dijo justo lo que le hacía falta oír.

«Leonor, tú no puedes sentir lo que siento yo porque tú no eres yo, es solo eso, tan sencillo como eso. No tengo ningún secreto, soy como soy y eso me gusta. No busco nada ni espero nada, solo actúo según lo que creo. No me importa demasiado lo que otros esperan de mí, y por supuesto, yo no espero nada de nadie. Querida Leonor, tienes que encontrar el punto en el que tú quieres estar, y ahí, yo no te puedo ayudar»

No tardó en pasar algo que terminó de abrir los ojos a la joven Leonor, un incidente que se clavó en su estómago y le dio una buena dosis de realidad; aquel acontecimiento tiraría la venda de sus ojos para siempre. Así fue como Leonor enganchó su vestido en una rama y tiró de él hasta que fueron una a una deshaciéndose todas sus puntadas: las de oro, las de plata, los encajes y abalorios. Todo quedó en el barro, tirado, con el único valor que cualquier vagabundo le quisiera dar, al fin y al cabo, ese era el valor que tenía para ella en aquellos momentos: nada.

Despojada de todas sus pertenecías, con apenas unas cosas en la maleta, desnuda de mente y alma, decidió perderse. Leonor se fue a París en busca de lo que fuera, porque lo que fuera siempre iba a ser más real que la mentira que había vivido hasta ahora.

En París se dio cuenta de que el cariño, la amistad y también el amor, existían para ella. No necesitó mendigar, las cosas fueron apareciendo porque alguien, en su infinita bondad y cariño, le enseño a escuchar, a observar, a estar atenta a las voces que de verdad importan. Hubo baches, miedos, inquietud, tristeza y algún drama, pero su personaje se fue perfilando de manera natural. Ya no había tantos miedos, los miedos nunca se van del todo, pero por lo menos ya no los vivía de la misma forma. Su cambio le hizo encontrarse y encontrar a personas afines a ella que llenaron su vida de historias y vivencias.

Tuvo muchos maestros en aquella aventura, maestros que, lejos de juzgarla, le mostraron su propio camino. Cuando Leonor dejó de escuchar la voz de otros y empezó a escuchar su propia voz, la magia regresó.

Ya sabéis que tenéis más post sobre la novela en este blog en el apartado: LIBROS.

Qué tengáis una feliz semana

Voces para Leonor ver libro

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